Gabriel Jaraba. Comunicación y humanismo


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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2004.

01/08/2004

Notas sobre caligrafía zen

chi.jpgMi mujer es artista y artesana: una creadora práctica. Dibuja, pinta, diseña y todo lo demás. Desde hace algunos años es jardinera, de tal modo que comienza por imaginar y dibujar un jardín, luego alza los planos y no sólo lo construye sino que lo planta y conduce su crecimiento vivo. Domina, pues, la armonía entre las formas y la vida que concurre en el mundo vegetal.
A petición de algunas personas ha realizado algún qué otro jardín zen, con la incorporación de alguna muestra caligráfica significativa en él. A mí me ha tocado hacer las presentaciones de esas caligrafías, y veo que me han salido unas notitas que no están mal. Lo que se dice en ellas podría servir para los interesados en el simbolismo, tanto el masónico como el propio del Reiki. Son las siguientes.

L’escriptura com a art i disciplina meditativa


L’escriptura xinesa i japonesa, formada per ideogrames, ha donat origen, des de temps molt antics, a un art pictòric i una artesania que en si mateixa forma part d’un tot disciplinar de meditació i activitat espiritual il.luminada. De la mateixa manera que els monestirs europeus de l’edat mitjana varen desenvolupar el modern concepte d’escriptura i il.lustració, els monjos budistes zen, els practicants laics i els artistes han elevat, fins el dia d’avui, l’escriptura japonesa a la categoria de les belles arts.

Formes harmonioses i conceptes profunds
La caligrafia zen no es limita a designar o descriure un concepte: la il.lustració ideogramàtica és en ella mateixa la demostració i presència del concepte mateix: és un símbol que ens posa en contacte directe amb realitats de la vida tan profundes que no es poden designar amb simples paraules. La paraula o concepte al qual traduim l’ideograma és, en versió original, la presència mateixa d’alló que designa.

CHI: l’alé de la Vida. "L’energia fonamental de la Vida que inunda totes les coses vivents"
El mot Chi, Ki o Qi és conegut a occident vinculat a disciplines de treball amb l’energia vital: tai chi, reiki, qigong; pràctiques psicofísiques d’harmonització personal i transpersonal. Ki és conegut entre nosaltres des dels temps bíblics, com a “ruaj” entre el poble d’Israel, o esperit entre els cristians; alé de Vida escampat arreu del món.
Chi ens remet a un estat de vitalitat, harmonia, vigor, salut i vida. Gràcies a Chi, les plantes floreixen, els pulmons s’eixamplen, el cor s’alegra i la ment es fa més clara. Chi és senyal de moviment creatiu, renovació salutífera i vida abundant per a tothom, i camí per a arribar-hi.

Amor: música del cor. "Un cor obert canta una melodia meravellosa que dispensa benediccions a tothom que la sent"
L’amor és present com a ideal a totes les civilitzacions. Occident ha desenvolupat la idea d’amor romàntic des de l’època dels trobadors a l’edat mitjana. A orient, l’amor s’assimila a una font de joia que escampa pau pertot arreu. A un i altre indret del món l’amor és associat a la música; un cor joiós és un cor que canta, capaç de sembrar pau perquè “la música amansa les feres”. La geisha japonesa apaivaga la fúria dels guerrers amb les notes del koto, i el rei David canta els salms i toca l’arpa per celebrar la prosperitat del regne. Aquí exposem aquesta caligrafia per a propiciar que les benediccions de l’amor entrin a la nostra vida.

FENG-SHUI. Vent i aigua: l’art de viure en harmonia
Fa molt pocs anys que s’ha popularitzat a occident l’art del feng shui, conegut com a geomància xinesa: una complexa disciplina d’harmonització de l’arquitectura, la decoració, els espais interiors i el paisatge que té com a objectiu propiciar una vida sanitosa, pròspera i sense perills. Barreja de vells coneixements empírics i concepcions del món basades en la teoria xinesa dels cinc elements, probablement el feng shui anirà pel mateix camí que l’acupuntura, i passarà de ser considerat una superstició a esdevenir una pràctica que funciona tot i que no sabem com.
La caligrafia expresa la perfecta harmonia entre Cel, Éssers Humans i Terra. Situada en els voltants de la residència crea un perfecte equilibri amb la natura, i per tant aporta grans benediccions i bona sort. Ens sonarà menys místic si pensem en l’arquitectura gòtica, tecnologia gegantina que pretenia ni més ni menys que expressar l’harmonia entre el món espiritual, el món dels homes i el món físic: vegeu com ho expressa la doble volta gòtica, pur feng shui europeu avant la lettre.

Caligrafía: Chi, la energía
01/08/2004 21:19 Para enlazar este artículo.. Tema: Cultura y arte No hay comentarios. Comentar.

14/08/2004

El camino, nuestro mito fundacional (reflexión para freakies inquietorros)

La metáfora del camino y el caminar aplicada a los indivíduos, grupos y colectivos humanos es tan antigua como la humanidad. El núcleo central de la concepción del mundo y de la vida que tenemos los occidentales se basa en ella: el libro del Exodo es nuestro verdadero mito fundacional. La salida de Egipto y el camino hacia la Tierra Prometida son la matriz donde se fraguó un modo de vivir que considera que el mundo debe pro-gresar, es decir, salir y marchar hacia adelante; que el tiempo existe y que es una línea trazada por una flecha en el espacio; que lo deseable se encuentra más allá, y que esa ultraidad debe llegar a ser escatológica para devenir última.

La religión occidental es una religión histórica y de la historia. No encontramos en ella magníficos mitos en forma de cosmologías, epopeyas y fantásticos escenarios cósmicos precisamente porque el gran mito omniabarcante es el mito de la historia. Ser es devenir, convertirse en, llegar a ser. Marchar, tender, arribar, alcanzar. Nuestra tecnología es una consecuencia directa de nuestra religión: una tecnología que se resume en vencer los límites del espacio y el tiempo.

Lo que Moisés ató, otro judío, Einstein, hubo de desatarlo: el tiempo y el espacio son dos versiones de una misma realidad, un escenario desplegado para que pueda manifestarse el juego cósmico de la transmutación de la energía en materia y viceversa (y ambas en conciencia-mente). Pero ahora y aquí es el camino quien nos llama. Navegar por la mar incógnita hasta descubrir un nuevo mundo, explorar nuevas tierras donde se crían extraños frutos y los hombres conversan con los pájaros, o simplemente transcurrir por prados o páramos dejando que el paisaje familiar se deslice a nuestro derredor y bajo los pies. Nos vemos a nosotros mismos siempre en tránsito porque sabemos que la vida es devenir. Y en ese devenir aspiramos a ser nosotros quienes dirijamos nuestros pasos, nosotros y no otros, y hacia donde nosotros deseamos, y viviendo nuestra propia humanidad en el discurso. El mito del camino implica el mito de la libertad, Espartaco añade su voz a la de Moisés y la pascua --”pésaj” en hebreo, pasaje, cambio, transformación-- es anuncio de liberación. Entre Moisés y Einstein, Jesús y Marx.

Hagamos un alto en el texto a modo de aviso a navegantes. En este hablar de caminos y caminantes, de ese camino que todos seguimos y con el cual identificamos nuestro vivir algunos lectores faltos de imaginación hallarán consideraciones que creen propias de los libros “de autoayuda”: qué ordinariez; ¿qué libro no lo es? Todo lector aspira a su autodeterminación intelectual como consecuencia de su autodeterminación vital. La idea de la libertad se basa en la capacidad del hombre para ayudarse a sí mismo. Una de las grandes revoluciones intelectuales y espirituales de la modernidad, la Reforma, se basó, entre otras cosas, en la propuesta de que el pueblo leyera la Sagrada Escritura por sí mismo y en su propia lengua. Cada vez que algún enterado reniega de la autoayuda pega una coz en los huesos de Gutenberg.

O de Machado. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Antonio Machado no sólo fue un gran poeta, un hombre bueno, un patriota ejemplar, un antifascista y una víctima de la guerra provocada por la rebelión de los generales traidores contra la República Española. Era uno de los más genuínos representantes de la tradición masónica universal y, como tal, partidario de la autodeterminación individual y del libre pensamiento, luchador por la libertad y creyente en la necesidad de prosperidad material y espiritual para que el hombre pueda ser. A todos nos toca íntimamente el verso alusivos a ese camino por su leve y profunda mención a su cualidad arquetípica. (Tan poderoso es el arquetipo que incluso esa palabra ha llegado a tocar el corazón de hombres de buena voluntad, propuesta como título de un libro por un enemigo de la libertad).

El talón de Aquiles del proyecto ilustrado

La idea de progreso, basada en la interiorización del mito del camino y el caminante por generaciones, ha hallado su mejor expresión en la Ilustración, el proyecto de una sociedad libre, instruída y capaz de hallar la felicidad individual y colectiva basada en la libertad, la igualdad y la fraternidad. Los pilares de la revolución democrática sustentada en la idea ilustrada eran, por una parte, la división de poderes --legislativo, ejecutivo, judicial--, el sufragio universal, las libertades individuales y la prevalencia del derecho sobre el privilegio. El sistema democrático tiene implicaciones harto profundas, pero todas ellas se basan en algo tan simple --para nosotros-- como la instrucción. Para poder elegir a sus representantes, el pueblo debe conocer sus propuestas; para poder contrastarlas, es necesaria la libertad de expresión y de prensa; para que pueda optarse por la mejor opción de progreso, sus expectativas deben estar validadas por ciertas constataciones objetivas, es decir, fruto de la experimentación científica. Los más aptos son, en esta sociedad, los más instruídos. La democracia es una meritocracia en régimen de libertades sustentada en la instrucción.

Hasta la aparición de tamaña propuesta revolucionaria, inédita en la historia de la humanidad (la democracia ateniense fue una aventajada organización práctica de la élite de una sociedad esclavista, racista y belicista) la instrucción y la educación se llevaba a cabo, en el seno del pueblo, dentro de la familia. Los niños asimilaban las habilidades paternas en la vida familiar para desarrollarlas a su vez más tarde; el ámbito de la reproducción era idéntico al de la producción. Se desarrolla el oficio familiar, y si no, uno es un “perdido”... o un comerciante (que busca su fortuna en los caminos). La ilustración pretende dotar de igualdad de oportunidades a los ciudadanos, y por ello instituye la escuela pública y obligatoria, puesto que en la instrucción universal se basa el proyecto de universalismo intelectual ilustrado y su materialización en la sociedad democrática de masas.

Con la escisión entre aprendizaje familiar e instrucción escolarizada nace la moderna sociedad industrial de masas. Y con ella, la progresiva autonomía de los dominios sucesivos de quienes, modelados en la antigua sociedad, reclaman sus respectivas autoridades tutelares del concepto de paternidad: padre es el sacerdote, y al dueño de la fábrica se le llama patrón, y patronal a la clase dominante. Patricios son sus representantes, y sus dependientes, proletarios. Se intenta simular todavía la antigua unión familiar cuando la división de la sociedad en clases sociales apunta hacia la lucha irreconciliable de estas.

Pero, en el transcurso de la formación por aprendizaje a la educación por escolarización, algo se queda en el camino. Y ese algo llega a constituirse, una vez tenemos hoy suficiente perspectiva para apreciarlo, en cierto elemento que ahonda la escisión que hubo que pagar como precio para la libertad.

Una escisión y un camino sin vuelta atrás

El proyecto ilustrado concebió la educación como instrucción. No previó la necesidad de una escuela de vida para los ciudadanos de la nueva sociedad que debía aventurarse en la libertad. Tal escuela de vida se daba, antes, en la propia familia, en la liturgia del transcurrir del tiempo propia de la sociedad teocrática, en el adoctrinamiento religioso, en la sucesión de etapas y estados de vida previsibles. En realidad, no existia otra escuela de vida que la que se desprendía del ajustarse cada cual a su estado y condición. El automatismo de la sociedad total (¿totalitaria?) proveía todo lo necesario. Véase hoy como los enemigos de la libertad, integristas tanto pretendidamente musulmanes como cristianos, critican la modernidad en tanto que esta rechaza una sujeción semejante como principio democrático radical.

Pero la escuela pública, la universidad, el conjunto de instituciones y oportunidades de aprendizaje dispuestos por la ciencia no bastaban ni bastan para que el ser humano pueda seguir su camino en una sociedad llamada a una complejidad de alcance tan enorme que no basta con el mero aprendizaje de habilidades y competencias. Ciertamente, la educación científica es partera de una nueva mentalidad con la que el hombre se convierte en ciudadano de un mundo más grande, por insospechado, y más pequeño a la vez, a causa de las tecnologías dominadoras del espacio (tecnologia de transporte) y del tiempo (tecnología de comunicación). El nuevo mundo ha nacido de una gran escisión, y tal división entre el viejo mundo donde “hay un sitio para cada cosa, y cada cosa debe estar en su sitio” ha dejado una marca de fuego en nuestra alma.

El resultado de tal marca ha sido una verdadera desestructuración simbólica del hombre contemporáneo. Tal desestructuración no es menor que la de los pueblos indígenas alienados de su tradición ancestral al irrumpir en su medio las nuevas realidades coloniales. De la herida/escisión abierta entre la teoría del proyecto ilustrado y la realidad humana de la vida tal como es surge, nada más y nada menos, que el arte y la cultura contemporáneos.

La reacción romántica hace surgir nuevos movimientos: artísticos. musicales, poéticos, políticos. El Frankenstein de Mary Shelley es el hijo natural que nace directamente de esa escisión: el sueño de la razón produce monstruos. Y monstruosa es la potencia vital que no se ajusta a lo previsto por el paradigma ilustrado. Aun en nuestro tiempo, quienes nos identificamos con formas antiautoritarias y creativas de vivir, ser y estar somos llamados “freakies”... y nos gusta.

¿Somos postrománticos los que miramos al futuro con una manera de mirar desengañada de las grandes ideas y palabras de los siglos XIX y XX? En todo caso, unos postrománticos que no renunciamos a lo prometido por la revolución ilustrada: un mundo habitable, cognoscible, mejorable, más prósperamente justo. Si el paradigma sociopolítico actual más en boga es el ecologismo, tal idea es ilustrada en grado sumo: la ecología pretende nada menos que poner orden en el mundo, un orden armónicamente justo entre la naturaleza, la humanidad y los animales; es una propuesta de abordar holísticamente el conjunto de seres animados e inanimados que existen en el planeta, con el planeta mismo. La hipótesis Gaia es el no va más del espíritu ilustrado en lo que este supone de acceso cognoscible y ordenamiento razonable de un cosmos.

Diálogo entre Machado y Jesús

Caminante, no hay camino
se hace camino al andar
y al volver la vista atrás
se ve la senda
que nunca se volverá a pisar.
Caminante, no hay camino,
sólo huellas en el mar.

El famoso poema de Antonio Machado pertenece a esa poesía sublime que trasciende lo literario y alcanza las cumbres de la más alta inspiración espiritual. Lo espiritual no es lo que nos sugiere mundos intangibles o metafísicos: es netamente espiritual aquello que nos habla de la vida. De la vida tal como es, sin aditamentos extraños ni engaño alguno. “Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la iluminación?”, pregunta el discípulo zen. Y el maestro responde: “Anda y no mientas nunca más, ni a tí mismo ni a los demás”. La trilogía kantiana de lo bueno, lo verdadero y lo bello debe brillar por encima de cualquier obra artística que pretenda referirse a la vida tal como es (nótese que el vértice de lo verdadero permite incluir en ello lo que es fruto del sufrimiento, el dolor y el horror, consustanciales a la condición vital). La metáfora del camino alcanza, en Machado, la cima de lo que el humanismo puede concebir.

La visión del camino según Machado es, ya en su tiempo, enormemente actual. Ese camino que no existe, esas huellas en el mar, aluden a esta concepción “líquida” de las realidades, tan cara al pensamiento postmoderno. El adogmatismo del poeta --masón y por tanto adogmático, no lo olvidemos-- se sintetiza en este poema con esa concepción de la impermanencia de la realidad, en esa senda que nunca se volverá a pisar: ahí hablan Heráclito y Buddha al unísono. Y es, finalmente, una apostilla, el recordatorio, ante la idea dogmática del camino que preside los dos siglos anteriores, de que no hay caminos prefijados, ni siquiera obligatorios (“El último camino” se tituló la autobiografía de Dolores Ibárruri la Pasionaria, en las antípodas conceptuales del camino machadiano).

No, no podemos “avanzar” ni “crecer” al margen de nuestros mitos. En plena liquidez postmoderna conviene repensar y reformular nuestras raíces míticas y civilizacionales, so pena de dar vueltas en círculo o de padecer la condena de Sísifo (“Sísif y el seu temps”, se tituló la autobiografía de Víctor Alba). Hay que escribir los versos machadianos y pegarlos en el puesto de trabajo o el espejo del baño. Quizá hagamos descubrimientos inquietantes, como el que ahora me llega. Aquel caminar sobre las aguas del Tiberíades con el que Jesús de Nazaret se mostró a los hombres, ¿no era una magnífica lección de vida, más que una “performance” milagrera? ¿Esa liquidez bajo Sus pies en su caminar, no se ve ahora como toda una profecía? ¿No mostró claramente que tal modo de vivir estaba al alcance de los hombres comunes y corrientes... a condición de vivir sin miedo? Qué conmoción causa ver aquel episodio del Evangelio casi olvidado en el fragor actual. Inquieta ver al mismísimo Jesucristo (maestro de ángeles y de hombres, recordémoslo) en aquel momento tan temprano y fundacional mostrando la correcta manera de vivir en camino. Eso sí es un verdadero milagro.
14/08/2004 19:55 Para enlazar este artículo.. Tema: Humanidad y espíritu No hay comentarios. Comentar.

15/08/2004

Juan Pablo II en Lourdes: "Los valores de la Iglesia Católica son los mismos que los de la República Francesa: libertad, igualdad, fraternidad"

godf2.jpg(Ilustración: emblema del Grand Orient de France)

Los periódicos de aquí, siempre tan atentos a lo sutil (es broma, como decía Gila) han omitido --salvo El País-- en general el bombazo que ha soltado el papa Juan Pablo II en su encuentro con el presidente de Francia, Jacques Chirac, a la llegada del pontífice a Lourdes: "Los valores de la Iglesia Católica son los mismos que los de la República Francesa: libertad, igualdad, fraternidad". Ni más ni menos.
La hipocresía, la diplomacia y la apologética artera sabrán encontrar las dobleces necesarias a tal declaración. Pero el papa que llamó a la gente a no tener miedo se expresa siempre con rotundidad, tanto cuando condena la guerra de Iraq ante el mundo desde Roma como cuando calla sobre el mismo tema en Madrid ante Aznar. Pero lo dicho, dicho queda, y escrito está: verba volant, scripta manent. Por ello, ya no hay excusas de ahora en adelante para los sectarios ultramontanos que quieran excluir a los católicos partidarios del triple lema republicano: escrito está, Roma locuta, causa finita.
La implicación más sensacional de la declaración es que el lema de libertad, igualdad, fraternidad no sólo es el de la República Francesa sino del de su revolución... y el de la masonería. Como avanzada del paradigma moderno, la fraternidad masónica ha exhibido siempre en su frontispicio el triple lema revolucionario. No es nada menor ni cosa baladí la coincidencia en la afirmación del papa y la realidad del lema masónico. A los masones cristianos y católicos --que son muchos, y hacen caso omiso del legalismo farisaico que pretende excluirles porque saben diferenciar entre derecho canónico y evangelio-- la afirmación de Juan Pablo II les sienta de maravillas. Desde ahora sólo se podrá excluir a los francmasones de la Iglesia Católica apelando a los más retorcidos argumentos sectarios. Estos no faltarán, seguro. Pero si lo que dice el papa sobre unas cosas es para ser escuchado, lo que dice sobre otras también. Claro que eso compromete mucho a todos y obliga a removerse de las propias comodidades intelectuales e ideológicas. Se acepta el reto: libertad, igualdad, fraternidad.
El texto del despacho de agencia lo publica el diario La Nación, de Buenos Aires.

18/08/2004

Abajo los JJOO, viva el alpinismo

"Mientras el mundo del deporte mira a Atenas, un alpinista catalán ha logrado un éxito de primer orden, de espaldas a los costosos despliegues de los Juegos Olímpicos. Mientras muchos están pendientes del medallero, Jordi Corominas, junto a un grupo de otros tres alpinistas catalanes, ha vuelto a poner el alpinismo español en un podio al que no subía desde 1984, cuando Nil Bohigas y Enric Lucas, solos, en estilo alpino, abrieron la grandiosa pared sur del Annapurna. Sin restarle el mérito extraordinario a Juan Oyarzábal y Alberto Iñurrategui en sus récords, en el coleccionismo de ochomiles, sus registros no son comparables a las gestas de alpinismo de verdad, con gran dificultad técnica, exposición y sin ayudas, como la que ha logrado Corominas con la repetición, por primera vezm de la ascensión al K-2 por la via de la Magic Line, los 3.600 metros abiertos en 1986 por los polacos Wojtek Wroz y Przemyslaw Piasecki y el eslovaco Jozef Bozik. Corominas ha subido y bajado a un podio inalcanzable, en 18 años, para los mejores himalayistas del mundo".
Leo Vegué, guía de alta montaña profesional, escribe este comentario hoy en El País, a manera de notorio contraste con el soporífero ronroneo que el televisor nos trae de tierras griegas. El siempre clarividente Vicente Verdú, también hoy y en el mismo diario, explica que "Aunque trate de disimularse, hace tiempo que los Juegos Olímpicos no interesan a nadie, Concretamente, desde Barcelona 92 lo importante del acontecimiento olímpico ha dejado de ser el contenido dportivo para pasar a centrarse en el contenedor: administrativo, urbanístico, arquitectónico, policial, mediático. (...) Ciertamente los campeones olímpicos consiguen tiempos y resistencias inéditas pero ¿quién puede interesarse todavía por las pobres prestaciones físicas de la especie? El verdadero suceso se encuentra en otra parte: en las instalaciones aparatosas o fantásticas, en las desbordantes reformas urbanas, en los diseños o materiales que visten los deportistas, en las novedades tecnológicas de las transmisiones o en la misma orgía de la corrupción".
La prueba del nueve de lo que dice Verdú se encuentra en los propios diarios deportivos: qué significativa es la desgana con que acogen el contenido olímpico, su incapacidad para transmitir entusiasmo por los acontecimientos, ahora que no está en juego el forofismo futbolístico local, la inexistencia de buenas historias, deportivas o humanas, reducidas a anecdotillas como el judoka japonés criado en Euskadi o la tiradora de escopeta con el ojo vago.
Ayer tarde escuchaba yo en COM Ràdio una crónica olímpica por la tarde: soporífera, reiterativa, titubeante. Pero luego todo se trocó en vigor entusiasta, en tensión ante el micrófono, en narración impactante: la crónica de un entrenamiento veraniego de pretemporada del Barça.
Yerra, sin embargo, Leo Vegué al mencionar únicamente a Jordi Corominas en su comentario. La expedición la forman Òscar Cadiach, Manel de la Matta, Valentí Giró y otros alpinistas, y es sabido en alpinismo que el mérito del triunfo corresponde a todo el grupo sin excepción. El resplandeciente gesto de sir Edmund Hillary y Tenzin Norgay al negarse a decir quién de los dos puso el pie primero en la primera ascensión al Everest es un ejemplo de este espiritu. Hasta tal punto que Tenzin Norgay se llevó el secreto a la tumba. Ni siquiera su muerte ni el reconocimiento público que sir Edmund recibe por su meritoria labor construyendo escuelas en Nepal han hecho que el caballero alpinista neozelandés traicione ese noble silencio.
En nuestro país fueron los mil veces beneméritos Jordi Pons y Josep Manuel Anglada quienes nos enseñaron esa ética alpinista. Cuando los medios de comunicación ignoraban el alpinismo (bueno, como ahora, pero entonces el silencio era total) Anglada y Pons fueron quienes introdujeron el concepto de gran expedición alpinística entre nosotros, logrando grandes éxitos deportivos que a la vez lo eran en el campo cultural y el humano. Jordi y Josep Manuel financiaban sus expediciones mediante las aportaciones populares, donativos de amigos y simpatizantes que convergían en una "operación tarjetas postales": dabas algo de dinero y recibías una postal de la expedición, firmada por los alpinistas, desde la montaña. Como los autógrafos de Michael Jackson pero en buen rollo. Ahora parecerá ingenuo, pero con sus tarjetas postales, Pons y Anglada nos enseñaron que del éxito de la llegada a la cima de una gran montaña participa tanto quien la culmina como el último amiguete que ha dado unos cinco duros para la postal.
Esa grandeza del alpinismo que nos enseñaron Jordi Pons y Josep Manuel Anglada, con tantos otros amigos que recuerdo con emoción, empezando por Isidre Rodrigo, figura en el podium del honor humano, deportivo y cívico que permanece por encima del podium efímero de los Juegos Olímpicos de la nandrolona y la tomadepelodona. Por eso Pons fue galardonado con el Piolet de Oro, la máxima distinción española en su deporte, de prestigio internacional.
Por cierto, Anglada y Pons tienen 70 años cumplidos y, cualquier día de entre semana, cuando les peta, cogen la mochila y se van a escalar, por gusto, porque sí o para echar una mano a los colegas del programa Temps d'aventura, de TV3. Y están más cachondos que nunca. (Luego hay deportistas "veteranos" que se retiran a los 30 años. Corominas, en la cima del K-2, tiene 46; subió a pelo y sin oxígeno). Qué mundo más raro, coño.
Para saber todo sobre alpinismo, Federació d'Entitats Excursionistes de Catalunya-Federació Catalana d'Alpinisme i Escalada


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